Venezuela: Es extraño que siempre haya cerveza y que escasee el aceite de maíz

Clodovaldo Hernandez, Entrevista a Rafael Antolinez – Fuente: Ciudad Caracas 
Foto: E. Hernandez
La economía creció 4,5%, pero no se consigue aceite ni harina. ¿Cómo se explica eso?
En Venezuela hay un mercado oligopolizado y cartelizado, los grandes productores se ponen de acuerdo y sacan a los pequeños. Ejercen el control del mercado a través de la contracción de la oferta. Los empresarios retienen su producción para elevar los precios, juegan al desabastecimiento. Preocupa que eso siga aconteciendo. Me sorprende que no exista todavía una unidad, oficina o sala situacional que haga una evaluación permanente de los precios, que sepa cuánto se produce, cómo se distribuye y a qué precios llega al consumidor. Ha sido evidente la incapacidad del Ejecutivo para hacer respetar los precios. Me sorprende también que haya escasez de ciertos rubros producidos por el Estado, como aceite Diana o leche pasteurizada de Los Andes. Eso lo que favorece es el control del mercado por productores privados que entonces aumentan los precios de manera grosera.
—Bueno, hay un proyecto de Ley de Costos, Precios y Salarios…
—Esa ley va a terminar fijando el precio máximo de venta al público, que es interesante pero no es la solución. Con eso se puede atacar en parte la especulación, pero aparecerá el fantasma de las ventas atadas: te vendo esto si me compras esto otro.
—¿El desabastecimiento es entonces intencional?
—Bueno, angustia pensar que una empresa tan eficiente como Polar, que ha sido exitosa compitiendo con marcas de rango internacional como Cargill, Unilever, Maseca o Brahma, que es subsidiaria de SABMiller, la cervecera más grande del mundo, no sea eficiente para garantizar la producción de un aceite de maíz embotellado en envases de plástico. No creo que haya problemas para ninguna de esas dos materias primas. A veces hasta escasea la harina precocida, que se hace con maíz nacional, en cambio nunca hay problemas para conseguir cerveza, a pesar de que tiene componentes importados como cebada malteada y lúpulo. Si es la misma gerencia, la única explicación que uno pudiera dar es grotesca y aviesa: que hay una intencionalidad de parte de Polar, bien por intereses políticos, para ponerle palos a las ruedas de la carreta del Gobierno; o por intereses económicos, para limitar la oferta y forzar la subida de los precios. Lo mismo pasa con Cargill, que restringe el suministro de harina de trigo, a pesar de que los volúmenes importados siguen siendo elevados y no han ocurrido aumentos de precios en el mercado internacional. Los panaderos dicen que la manera de conseguir ese insumo fundamental es pagando un precio mucho mayor que el estipulado.
—¿Se pueden resolver esos problemas con el control de redes de comercialización estatales?
—Me preocupa que el Estado se meta en la producción y distribución de alimentos. En distribución, si bien Mercal y Pdval han hecho un trabajo muy interesante, hace falta un grado mayor de eficiencia. En el sector agrícola se ha dado una batalla muy interesante contra el latifundio, pero preocupan los datos sobre el incremento de las importaciones agrícolas. La importación de alimentos, que pudo haber sido coyunturalmente lógica, ahora se está haciendo estructural y eso es peligroso. El sector agrícola es fundamental para cualquier país, no basta con tener independencia energética o tecnológica si tienes dependencia alimentaria. Es un problema por resolver. Obviamente, el Gobierno debe mantener un control absoluto de los ámbitos estratégicos del país: energía y comunicaciones deben ser exclusividad del Estado o con una participación que siempre garantice el control. Pero, en otros campos, las políticas del Gobierno deberían ayudar a que se manifieste en todo su esplendor el enorme potencial humano que tenemos. Se requiere mayor nivel de libertad económica para que más gente participe y haya una eclosión, un desarrollo de esas fuerzas productivas privadas. Hay una capacidad larvada que necesita una potenciación. Y ahí viene otro de nuestros problemas. No tenemos un organismo del Estado que haga eso. Lo que está haciendo el Instituto Nacional de Desarrollo de la Pequeña y Mediana Industria (Inapymi) es de una pobreza absoluta, es una institución casi clandestina.
—Uno lee que cayeron las ventas de vehículos en 4 ó 5%, lo que hace suponer que no hay demanda. Entonces, sale a comprar un carro y le dicen que se meta en una lista de espera y que puede que le vendan uno en septiembre u octubre. ¿Cuál es la lógica de eso?
—Es muy simple, esas empresas transnacionales también cuidan su control del mercado produciendo menor cantidad de la demanda, para que los precios suban. También tiene que ver con las restricciones para repatriar sus ganancias por el control de cambio. Se suponía que esto iba a ser atacado con la producción de vehículos iraníes y con la importación de Argentina, pero esto no ha sido suficiente para resolver el problema. La burocracia es lenta, paquidérmica, torpe, muy torpe y propensa a ligarse a las actividades culinarias, por aquello de los guisos. Algunos funcionarios no han logrado discernir de manera adecuada la diferencia entre estar rodilla en tierra y estar arrodillado. Mucha gente es incapaz de decirle que no al Presidente, aunque esté equivocado. Él actúa movido por buenos sentimientos, pero a veces eso no es suficiente. El papel de la burocracia es alertar sobre lo que podría pasar, asesorar, advertir de las consecuencias de cualquier medida. La inmensa mayoría de la alta burocracia es sumisa, nadie hace críticas, todo lo que el Presidente diga es santa palabra.
_______________
Un espécimen raro
Rafael Antolínez, tachirense de 56 años, economista de la Universidad Central de Venezuela y profesor de la misma UCV y de la Universidad Simón Rodríguez, es católico de los que van a misa los domingos (recomienda la capilla del hospital San Juan de Dios).
Con frecuencia es consultado por periodistas, tanto de los medios públicos como de los opositores, pues se le considera un raro espécimen: un economista chavista, pero no gobiernero. También tiene su programa de radio, en YVKE Mundial, donde intenta explicar los temas que otros economistas enredan. Por esto y porque da clases en la Escuela de Comunicación Social, no es de extrañar que ya casi sea periodista: “Por ahí se dice que la construcción está creciendo en Colombia y Panamá gracias al cemento venezolano, exportado en forma fraudulenta –susurra–. No sé si es verdad, pero es preocupante que acá haya caído esta industria, precisamente por falta de cemento”.
Observador minucioso de las conductas microeconómicas, afirma que el consumidor venezolano ha sido tan torturado que se le han quitado hasta las ganas de pelear por sus derechos. “De manera estoica, hace cola hasta para pagar… eso no pasa en ninguna otra parte del mundo. El Presidente, que es un gran comunicador, haría mucho si orientara a la gente a exigir sus derechos”, indica.
Fanático del fútbol y del beisbol, Antolínez hincha a la vez por el Deportivo Táchira y los Tiburones de La Guaira. Sí, definitivamente, es un raro espécimen./ CIUDAD CCS

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s